Fue una crisis que nos mantuvo a la expectativa de cualquier suceso. La primera gran crisis del año, y una que prometía afectar toda la región -incluso al mundo entero- de manera que, gracias a lo sucedido en la Cumbre del Grupo de Río, por unos cuantos días más, podemos estar tranquilos. Tal y como dijo el Presidente Ecuatoriano Rafael Correa a su regreso de Santo Domingo: “Los ecuatorianos pueden dormir tranquilos, nuestros hermanos colombianos pueden dormir tranquilos, los venezolanos, los nicaragüenses, América Latina y el mundo entero (pueden dormir tranquilos)”
Y la situación pareció como si tuviese un guión preparado cuyo clímax era la Cumbre en cuestión que se dio cita en nuestro país, y en la cual el Presidente Leonel Fernández lució sus dotes de gran estadista internacional. Seamos claros, de no haber sucedido esta crisis lo más probable era que no todos los mandatarios miembros del Grupo de Río hubiesen venido.
La catástrofe que hubiese acarreado un eventual conflicto armado entre el triángulo que forman Venezuela, Colombia y Ecuador, y el cierre de sus respectivas fronteras, no sólo se cuantificaba en posibles vidas perdidas sino también en miles de millones de dólares. El Ministro de Hacienda de Colombia, Óscar Iván Zuluaga, calculó en US$5,000 millones el intercambio económico con Venezuela, y en US$3,500 millones con Ecuador. Por igual, Hugo Chávez vaticinó que, de suceder una posible guerra, se acabaría el acuerdo de Petrocaribe que tanto dinero ha ahorrado a países en vías de desarrollo, incluida la República Dominicana. El tan preciado petróleo -que ya ha alcanzado el precio récord de US$105 dólares americanos- tenía su mira puesta en llegar a los US$150 dólares si se suscitaba el conflicto andino.
Por hoy podemos estar tranquilos, ha vuelto la tranquilidad a América Latina en Santo Domingo -proclamada “ciudad de la paz”- y ya hoy domingo Hugo Chávez retiró sus fuerzas militares apostadas en la frontera con Colombia. Pero los Estados Unidos no pueden dormir tan tranquilos. El conflicto andino fue solucionado sin la presencia de representantes estadounidenses en suelo dominicano. Una solución que debió surgir en la OEA -de la cual EEUU forma parte- se cuajó en nuestra isla con la presencia de países meramente latinoamericanos. ¿Podemos ir pensando en una Organización de Estados Latinoamericanos? El periódico mexicano La Jornada de este domingo recoge unas declaraciones del Presidente ecuatoriano Correa en las que declara la necesidad de “una OEA conformada sólo por los países del área, es decir, una Organización de Estados Latinoamericanos, y ese podría ser el Grupo de Río”.
Y tiene razón Correa cuando aboga por esta nueva Organización regional. Los países latinoamericanos compartimos una historia, una cultura, la mayor parte un mismo idioma y condiciones sociales. Los Estados Unidos distan de parecerce a un país latinoamericano y sus intereses van ligados a su “superdesarrollo” y no al bienestar de la comunidad. Con un país como EEUU nunca podremos ni pensar en una comunidad económico-social como la Unión Europea, donde los países han encontrado sus similitudes para dirimir sus diferencias. El Comandante de la Revolución Cubana Fidel Castro, expresó en su reflexión titulada “El Tribunal Penal Internacional” que “ [los Estados Unidos] emplean millones de millones en armas que nada aportan a la satisfacción de necesidades y al bienestar del ser humano; mantienen, por el contrario, en constante tensión a la economía mundial; imponen a los países, como los aventureros del Oeste de Estados Unidos, la consigna de la bolsa o la vida.”
Por décadas hemos sido influenciados por nuestros vecinos del norte, y sus opiniones prácticamente impuestas han sabido sobreponerse al ideal latinoamericano. El surgimiento de líderes regionales como el comandante Hugo Chávez y ahora quizás también el Presidente Fernández, augura un futuro en el que la ansiada integración de los países latinoamericanos suceda. Mientras tanto los EEUU solo tiemblan ante la perspectiva de una América Latina más fuerte e integrada, con pleno control de su petróleo y con una fuerza política en crecimiento. Las cartas están echadas, solo nos queda esperar.
f.olivares
9 de marzo, 2008


