“Para la gente, (el Dalai) es un jefe religioso, es el guía del pueblo tibetano.En mi opinión, por lo tanto hay que hablar con él (…), pero eso no lo decido yo”, así se expresó el Ministro Francés para Asuntos Extranjeros, Bernard Kouchner en una entrevista publicada este miércoles por el diario Le Parisien. Cada día más y más, el líder del pueblo tibetano recibe el respaldo de gobiernos que se identifican con su lucha espiritual por un Tíbet independiente, pero no separado de China. Los últimos acontecimientos en la zona demuestran el abismo cultural e ideológico que subsiste en todo continente asiático, aunque la verdad todos se parecen.
El Tíbet es una región autónoma enclavada en el sudoeste de China, en Asia Central, cuya capital es Lhasa. La mayor parte de sus habitantes son budistas y en su territorio se encuentra el Monte Everest, el más alto del mundo, y por donde pasará la antorcha olímpica hacia los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
El Dalai Lama es venerado por casi la totalidad de los tibetanos y representa su unidad desde la dominación china, pero hay una parte que quiere la independencia total de Tíbet, y no el “camino intermedio” o la verdadera autonomía dentro de China que el líder proclama (El Pais). Él [El Dalai] ha reiterado que no busca la independencia, sino autonomía. Y ha condenado la violencia entre sus seguidores. El primer ministro chino dijo que sobre esas dos condiciones, está dispuesto a dialogar. Desde el año 2000 se han entablado 6 diálogos, ninguno ha tenido éxito.
Las protestas en Lahsa y pueblos tibetanos de provincias vecinas, ponen sobre el tapete cómo medio siglo de esfuerzos de la dirigencia china para integrar el Tíbet a la gran nación comunista se han estrellado contra una resistencia, impasible como el sagrado monte Kailash, que estalla en periódicas rebeliones, y no han podido mellar el ánimo de independencia de los tibetanos ni su devoción por Tenzin Gyatso, su exilado líder espiritual y político, el Dalai Lama (El Tiempo). La Agencia Xinhua, controlada por el Gobierno Popular de China, admitió que en total, 18 civiles y un policía fallecieron durante los disturbios en el Tíbet. Además, un total de 382 personas resultaron heridas, 58 de ellas de gravedad. En cuanto a daños materiales, casi un millar de negocios, 84 vehículos, siete escuelas y 120 domicilios fueron afectados en mayor o menor medida por los incendios provocados por los manifestantes. Pero el Gobierno tibetano en el exterior asegura que los muertos sobrepasan los 100, y que la represión del Gobierno de China es “inhumana”.
Aunque las manifestaciones disminuyeron considerablemente, los tibetanos boicotearon un intento chino para demostrar la estabilidad en el gigante comunista, al invitar a periodistas internacionales a la nación. Los monjes se lanzaron a las calles a protestar, al efecto la prensa internacional publica: “Los monjes, alrededor de 30, se manifestaron durante unos 15 minutos en las inmediaciones del templo Johkang de Lhasa, uno de los más sagrados para el budismo tibetano. Según un periodista de USA Today que formaba parte del grupo, los monjes gritaban “No les creáis. Os están engañando. Os están mintiendo” y “Queremos libertad. Están deteniendo a monjes y gente normal”, añadían. (Telecinco)
La mayor preocupación China es lo que podría suceder en vísperas de la celebración de los Juegos Olímpicos de Beijing, los cuáles están llamados a “mostrar la nueva China al mundo“. Una nueva China con megaestructuras, megapuertos, mano de obra barata, un desarrollo sostenido de 2 dígitos, y una nueva puerta abierta hacia el mundo. Desafortunadamente, esta imágen de superdesarrollo contrasta con losvarios frentes que tiene el “gigante asiático” abiertos en el mundo: no sólo son sus problemas en el Tíbet, lo son también en Taiwán, en la India, su constante batalla por controlar la libre expresión, entre otros.
China nos quiere mostrar su nueva cara en los Juegos Olímpicos, pero el estreno de esta fachada debe ir acompañado de una nueva ideología, de un cambio hacia la apertura de una China reprimida por tantos años, la cual hace apenas una década se encontraba entre los países con ayuda humanitaria para combatir el hambre. Hoy es toda una superpotencia, haciendo honor a lo que decian los libros que leía en secundaria: China sería la primera potencia antes del 2015. El retroceso en la economía norteamericana hace soplar vientos de una Supremacía China. Para muestra un botón: El gobierno Chino tiene dos importantes responsabilidades, según afirma el Primer Ministro Chino. Una es mantener el desarrollo económico estable y bastante rápido sin fluctuaciones drásticas y concentrarse en resolver los problemas pendientes en la vida económica.
¿Y el Tíbet?:
La capital de Tíbet, Lhasa, registró ayer un nuevo episodio de disturbios, esta vez sin heridos, debido a los intentos de la Policía de realizar controles de seguridad, un indicio de que la inestabilidad continúa en la capital, semanas después de que se desataran los disturbios contra el Gobierno. Un mensaje de texto de la Policía enviado a los habitantes de Lhasa que decía que se llevarían a cabo controles de seguridad el sábado “atemorizó a los ciudadanos” y causó pánico en el centro de la ciudad. La organización Campaña Internacional por el Tíbet, con sede en Washington, y Radio Free Asia citaron a testigos describiendo a personas “corriendo en todas direcciones y gritando”. (AGENCIAS. PEKÍN)
Esta particular historia -decía Juan Bosch que la historia se hace, no se imagina- sigue escribiendose.
f.olivares
1° abril, 2008


