Bush no es un cowboy obsesionado con Irak y Afganistán, ni tampoco es verdad que se haya olvidado de la diplomacia, ni en el mundo hispánico, ni en otras partes del mundo”. John Maisto
La invasión a Irak llevada a cabo en 2003 por Estados Unidos no sólo significo la apertura de un nuevo mercado a las multinacionales estadounidenses, ni tan sólo el control de un país geopolíticamente ubicado en el umbral occidente-oriente, mucho menos otorgar a la industria armamentística norteamericana nuevas razones para activar sus plantas. La invasión a Irak se trató de petróleo, simplemente petróleo.
Las acusaciones a Saddam Hussein -el alguna vez apoyado por EEUU dictador iraquí- versaban sobre la supuesta posesión que tenía el gobierno iraquí de armas de destrucción masiva, lo cual resultó no ser cierto. Dice Bob Woodwar, el periodista que destapó el escandalo de Watergate, en su libro “Negar la Evidencia” que “Bush tardó cinco minutos y 18 segundos para reconocer, simplemente, el hecho de que no habían encontrado armas de destrucción masiva [en Irak].” A fin de cuentas, al igual que Bosnia en 1992, la guerra no contó con el mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y fue apoyada por Portugal, Inglaterra y España.
Al fin y al cabo EEUU tuvo la razón al intervenir Irak para controlar los inmensos pozos petroleros de esa parte de Medio Oriente, que de otra manera hubiesen ido a parar a algún país emergente como India o China, o a alguna potencia de Europa. No es que el ánimo sea de defender las actuaciones de EEUU que inequívocamente fueron erróneas, pero no menos cierto es que en 2003 el precio del petróleo rondaba los 25 dólares por barril y que hoy cerró en New York a casi 127 dólares por barril, un aumento de un 500%. En esta coyuntura, controlar un pozo petrolífico calculado entre tres y cinco millones de barriles diarios es quitarse un peso de encima.
Vistas las circunstancias de la fatídica invasión -que ha traído consigo la muerte de millares de personas de ambos bandos- nos atrevemos a preguntar: ¿No hubiese sido más sensato invertir esos miles de millones de dólares en desarrollo de energías renovables? Si EEUU es quién marca la pauta a nivel mundial, ¿no debería tener una línea de acción más de acorde entre lo que sale de sus bocas y lo que hacen sus manos? En efecto, las acciones desesperadas llevadas a cabo por Bush en búsqueda del tan deseado petróleo son infudadas, toda vez que se ha comprobado la existencia de yacimientos de cientos de millones de barriles, además del desarrollo incipiente de tecnologías para explotar petróleo más profundo, sumado esto al surgimiento de energías renovables. Los tiempos en que el país que contralara el petróleo controlaría el mundo estan de capa caída, el futuro está en el desarrollo de fuentes renovables y la independencia energética. Países como Brasil hace años que adoptaron este paradigma y se han vuelto autosuficientes.
Finalmente, ha valido la pena hacer el análisis del porqué EEUU invadió a Irak, para entender que nos estamos guiando del paradigma erróneo en la aplicación de políticas consumistas encausadas en buscar más de lo que ya no va a haber. Si bien es cierto que nos queda petróleo para 25 a 50 años, el aumento poblacional y el desarrollo de grandes países como China e India, amenazan con disminuir ese parámetro de años. Al final del día la pregunta será: ¿estamos dispuestos a matarnos por petróleo o a trabajar por establecer una fuente alternativa de energía?


