
Durante casi tres décadas el Partido de la Revolución Dominicana hizo férrea oposición a un sempiterno Partido Reformista Social Cristiano y a un Joaquín Balaguer “casi eterno”. Revisar los anaqueles de la historia es encontrarnos con cientos de disputas, discusiones, diálogos, distensiones, y más, entre uno y otro partido. Esta oposición es la que lleva al pueblo a votar por Antonio Guzmán y por Salvador Jorge Blanco, quienes de no haber fallado en sus respectivos gobiernos, hubiesen sepultado para siempre al sagaz político y escritor Balaguer.
Tal vez por nuestra juventud, creeríamos que las diferencias entre uno y otro bando se mantuvieron hasta la muerte del líder Reformista, pero la verdad no fue así. El 3 de septiembre del 1997 el Congreso Nacional -formado exclusivamente por perredeístas y reformistas principalmente- aprobó una resolución declarando a Joaquín Balaguer “gran propulsor de la democracia”. Si tomamos en cuenta que 12 de los 22 años de gobierno del extinto líder reformista fueron meramente despóticos (1966-1978), nos sorprende que se le diese tal apócrifo. Pero más sorprendente es que años antes el también extinto líder perredeísta José Francisco Peña Gómez -a nuestro entender un verdadero propulsor de la democracia desde sus “luchas radiofónicas” durante la guerra de abril- dijese en 1994 que Balaguer era “el padre de la democracia”, ante la mirada atónita de cientos de perredeístas que “se preguntaban, cuan tontos”, ¿de qué valió tanta lucha? [Herrera, A. (1997, Septiembre 11). Balaguer, ¿gran propulsor de la democracia...? El Siglo].
Sorprendente es también que después del PRD tanto luchar en contra del PRSC se uniesen en las Congresionales de 2006 en la fallida “Alianza Rosada”, en búsqueda de destronar a un cada día más fuerte PLD. Igual parece que iba a suceder en las pasadas elecciones, cuando en los mentideros se rumoró que el nuevo “líder” reformista, Amable Aristy Castro, había mandado a sus seguidores a votar por el PRD, de manera que se llegase a la tan deseada segunda vuelta.
Todo lo antes descrito tiene el sencillo fin de demostrar como la hipocresía política (¿política = hipocresía?), ha permeado enormemente las organizaciones políticas cuyo único fin debería ser “propulsar los cambios necesarios en las sociedades, valiéndose de tácticas democráticas para ello”. A apenas 2 meses de iniciar un nuevo gobierno del PLD entendemos que la oposición política debe revisar sus bases y fundamentos, es decir, sus argumentos, para no incurrir en hipocresía política a la hora de pararse en frente del partido de gobierno. Si se va a realizar una oposición democrática, que sea basada en principios y en argumentos válidos, que sea constructiva y con el mero fin de elevar el debate político y encontrar nuevas soluciones a los problemas, principalmente de orden mundial, que afectan al país. El Dr. Alejandro Herrera, anteriormente citado, recuerda en uno de sus artículos lo que le dijese alguna vez un amigo: “Lo que determina el éxito de las gestiones políticas de nuestros gobernantes es su capacidad en la tarea de haber institucionalizado al país de forma tal que la democracia no sólo se haya afianzado sino que se haya convertido en un proceso irreversible”. El PLD ha iniciado ese proceso de “democracia irreversible”, pero la oposición debe también formar parte ineludible de ella, y añadimos una nota final: si ha habido 3 propulsores de la democracia dominicana, lo han sido Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Leonel Fernández Reyna, líderes indiscutibles del pueblo dominicano.


