Siempre que surge el tema de la reelección presidencial tomamos una actitud defensiva, ya que nos vienen a la mente las estelas de épocas en que la reelección no era más que la perpetuidad en el poder de una figura política que se creía imprescindible. América Latina, como región disímil, tiene razón a la hora de tenerle miedo a la estancia de una misma persona en el poder, ya que en el pasado ha sufrido las consecuencias de varias dictaduras en casi todos sus países. Hace unos días el New York Times -en referencia a una posible reforma constitucional en Colombia que permita a Álvaro Uribe repostularse una vez mas- decía que “América Latina tiene ya demasiada experiencia con hombres fuertes populistas [...] La región no necesita un hombre fuerte. Colombia necesita [...] una oportunidad para construir una democracia aún más fuerte y pacífica.”
El fantasma de las dictaduras en latinoamérica parece rondar los pasillos de las casas presidenciales. Incluso en el mismo Palacio Nacional de nuestro país, los que hemos tenido la oportunidad de estar allí, hemos escuchado historias del fantasma de un dictador que aún da sus vueltas nocturnas por dicha casa de gobierno. Pero ya es hora de sustituir el miedo por confianza; comenzar a olvidar. Si bien es cierto que hemos visto un resurgir entre los gobernantes de latinoamérica de mantenerse apegados al poder, como es el caso de Hugo Chávez quien ha intentado reformar la constitución para mantenerse en el poder hasta el 2021, no menos cierto es que un pueblo que a través de las urnas decida la permanencia o no de una persona, y logre decir sí o no a la reelección, es uno que ha consolidado su sistema democrático. Leonel Fernández Reyna dijo en su mandato de 1996-2000: “Nunca he conocido que la legítima expresión popular de un pueblo, expresada a través de las urnas, se pueda convertir en una dictadura”.
¿Por qué tratar este tema ahora, cuando ya el tiempo electoral pasó? Simplemente porque ya hay voces que se alzan en contra de un tercer mandato consecutivo del Presidente Fernández, que pudiera ser logrado luego de una reforma constitucional. El mismo Dr. Fernández ha llamado la atención de la palestra pública cuando ha dicho que no tiene el interés de repostularse para otro cuatrienio y que entiende que aspirar a un tercer mandato sería un error total, pero que si las circunstancias lo ameritan sería posible. Volviendo al caso de Colombia, y haciendo la comparación, Uribe aún no ha dicho ni sí ni no a un tercer mandato, pero aún falta lograr que pase la Reforma Constitucional que lo permita. Y es sorprendente que aún cuando Colombia admite que, en palabras de Luis Carlos Villegas, de la Asociación Nacional de Industriales, “no solo los empresarios sino la abrumadora mayoría del país consideran, sin duda, que ha sido el mejor Presidente que hemos tenido [Colombia],” aún se entiende que no debe repostularse. Lula da Silva, mandatario brasileiro, entiende que “pensar en un tercer mandato es obsceno para la democracia” y “cada vez que un político se cree imprescindible e insustituible está comenzando a nacer un pequeño dictadorcito en él”. Si bien Lula tiene su razón, en países como el nuestro, donde los años de gobierno no parecen rendir, siempre se hace necesario tener más tiempo.
¿Cómo obviar que un 53% del electorado ha vuelto a depositar sus esperanzas en Leonel Fernández,? Estamos hablando de que, si no se repostula, desestimariamos a un estadista relativamente joven -apena 58 años para el 2012- para un nuevo mandato, y si bien es cierto que debemos ir dando espacio a una nueva generación de políticos influenciados, ya no por el balaguerismo, el peñagomismo o el boschismo, sino por el leonelismo y cualquier otra influencia ideólogica que surja -porque aún no ha surgido ninguna-, no debemos desde ya olvidarnos de otros cuatro años para Leonel. Olvidemonos ya del fantasma dictatorial que ronda nuestras mentes, ya somos democráticos, cada vez más aprendemos a escucharnos mejor, cada día más surgen nuevos controles para el ejercicio del poder. No hay forma de poner en juego la estabilidad política del Estado dominicano que hemos gozado desde 1996 hacia aca, siempre que el pueblo dominicano está en pie de lucha y con los sentidos atentos ante cualqueir intento de destruir lo que hemos logrado.
F.olivares
14 junio, 2008



Excelente comentario, estoy de acuerdo contigo, pero es bueno recordar que las dictaduras en América Latina fueron una consecuencia directa de los intereses imperiales de los Estados Unidos; Eran comunistas, despúes Narcos y hoy Terroristas, mañana surgirá otra justificación. verdad?